Es Ley


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El 15 de abril de 2015 quedará en la Historia Argentina como el día en que, tras 22 años de experiencia neoliberal, el Estado Nacional recuperó su red ferroviaria.

Fue gracias al tesón de nuestros Diputados y Senadores, de nuestro Ministro del Interior y Transporte, de nuestra Presidenta y de los militantes.

Recuperar ferrocarriles es recuperar soberanía

La sesión en Senadores cerró con la intervención de Juan Manuel Abal Medina, quien dijo la frase que titula esta sección.

Y es algo muy cierto; recuperar nuestra red ferroviaria implica recuperar la soberanía, tanto sobre nuestro territorio como sobre nuestra economía.

Soberanía territorial

Volver a decidir qué ramales se utilizan, cuáles se renuevan o mejoran, es extremadamente necesario.

Aquí es necesario aclarar que el modelo de concesiones no equivale, como algunos quieren hacernos creer, al sistema de operadores. En el primer escenario el concesionario tenía la potestad de decidir qué trenes circulaban y qué canon, o peaje, se cobraba por el uso de vía. En este nuevo escenario es el Estado quien decide la corrida de trenes, la prioridad de unos u otros y el canon que los operadores deben pagar.

De este modo, a falta de oferta de transporte por parte de los operadores existentes, el Estado puede brindarlos por su propia cuenta, en un balance sensato entre operación estatal y privada.

Soberanía económica

Hasta este momento eran los concesionarios quienes decidían qué cargas se transportaban, desde qué punto a qué otro, y qué trenes de terceros podían hacer uso de las vías concesionadas a ellos. Muchos ramales sin concesión, y algunos concesionados, quedaron abandonados al no haber interés por parte de los concesionarios en su utilización.

Con la nueva Ley sancionada, el Estado podrá recuperar estos ramales para brindar nuevos servicios de cargas generales, o pasajeros; podrá, por ejemplo, documentar la red con el fin de estudiar cuál es el uso más eficiente de la red, con el fin de tener la menor cantidad de vagones vacíos circulando. Esto redunda en valores bajos de fletes para transportes que actualmente no se brindan por desinterés de los concesionarios, en mejor utilización del material tractivo, con lo cual también se alarga su vida útil.

Lo que viene

En el mediano plazo el Estado deberá comenzar una tarea de documentación integral de la red ferroviaria, con el objetivo de estudiar cuáles son los ramales más adecuados a cada modalidad de carga, cuáles responden mejor a tráfico de poco peso por eje, etcétera. Se deberá diseñar e innovar con respecto a la tracción, para hacer un uso eficaz y eficiente de todos los ramales, de acuerdo a sus características, con el fin de evitar la persistencia de la situación actual de abandono de muchos de ellos, que en un escenario ideal brindarían una excelente herramienta para eliminar camiones de rutas provinciales y nacionales mientras se reducen los costos por flete.

En el corto plazo, se impone una renegociación de las condiciones de operación, con el fin de ampliar la oferta de transporte, de eliminar restricciones absurdas sobre la red y, en forma colateral, de eliminar el concepto falso de “propiedad privada” sobre las playas de carga y otras instalaciones, que jamás pertenecieron a estas empresas sino al Estado.

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