Reflexiones sobre el choque de Temperley


Foto 1: vista general de la estación Temperley. Foto de Museo Ferroviario Ranchos.

Foto 1: vista general de la estación Temperley. Foto de Museo Ferroviario Ranchos.

A una semana de ocurrido el choque en la estación Temperley, quiero compartir con ustedes algunas reflexiones que me quedaron en el tintero durante esta semana.

¿Atentado o dolo eventual?

Los siguientes dos videos muestran a las claras que no se trató simplemente de negligencia; la clara violación de la señal de salida de la estación, evidentemente a peligro, la omisión de las órdenes perentorias por radio, el cambio de posiciones (prohibido tanto por Reglamento Operativo como por el propio estatuto de La Fraternidad) y, además, la falta de elementos de protección personal (botines y protectores auditivos) en ambos, muestran que no sólo hubo negligencias graves.

Las afirmaciones vertidas por Maturano y Caminos acerca de la falta de audición de la radio en la cabina son absolutamente falsas. Con o sin protectores auditivos es posible escucharla, ya que la misma está configurada a un volumen lo suficientemente alto como para contrarrestar las vibraciones y el ruido generados por el motor Diesel y los generadores.

La supuesta costumbre de intercambiar posiciones con el fin de que el ayudante aprenda a conducir es una asunción de que el gremio está acostumbrado a violar su propio estatuto y el Reglamento Operativo.

En la página Infoleg se puede leer una copia de un convenio colectivo de trabajo, entre La Fraternidad y Ferrovías. El artículo 23 insiste en que es obligación del personal vestir en todo momento la ropa de trabajo junto con los EPP.

También se deja constancia de que el ayudante de conductor (cuando no está en la categoría de habilitado) no está habilitado a la conducción excepto en casos de extrema necesidad.

En el Reglamento Operativo (texto que lamentablemente no está disponible al público) se resalta la obligatoriedad de respetar las señales absolutas. En nuestro caso, se trata de la señal de salida de la vía 10 de Temperley, y anteriormente, la de ingreso.

Todo conductor sabe que cada estación habilitada cuenta con dos señales, una de ingreso y otra de salida; que ambas señales son absolutas y que jamás deben trasponerse a peligro excepto cuando se da expreso permiso desde Control de Tráfico.

Lo último que llama poderosamente la atención es la parsimonia con que Navarro aplica el freno. En el segundo video se puede ver que al tomar la curva del cabín ya se puede ver la locomotora maniobrando en la misma vía. En este punto, si todo lo expuesto por ambos fuera cierto, Navarro debió aplicar los frenos con suma urgencia. Sin embargo, y como vimos, lo hizo dudando. ¿Es ésa la conducta de un ayudante que está a punto de colisionar su tren?

Nepotismo, escuelas técnicas, profesionalismo

Este último choque desnuda una realidad que quienes estamos en el tema venimos pregonando desde siempre: es necesario poner fin al nepotismo imperante en los sindicatos ferroviarios.

Los ingresos se “priorizan” para quienes son hijos de trabajadores ferroviarios. No se permiten mujeres, al menos en La Fraternidad. La formación está a cargo de instructores del mismo sindicato, y sólo existe una instancia de evaluación ante el Estado.

A mi juicio, y desde la mayor humildad, espero que éste sea el punto de inflexión para un importante cambio. Que se creen escuelas secundarias técnicas con orientación ferroviaria, reguladas por el INET y en cuyas aulas dicten clases docentes formados por el Estado. Que estos chicos, al graduarse, tengan la posibilidad de trabajar como pasantes en nuestros ferrocarriles, sin más requisitos que tener un promedio alto. Que las mujeres tengan las mismas chances de entrar que los varones, ya que no existe ningún motivo para excluirlas de este trabajo.

Provisoriamente se pueden formar trabajadores en cursos ad hoc dictados por universidades nacionales, presentándose a examen ante la CNRT. Los trabajadores que ya se desempeñan en la conducción deberán rendir igual examen, y quienes no lo superen serán destinados a tareas en galpones y talleres de las distintas líneas.

Avanzar en este sentido será arduo, y no faltarán los conflictos con quienes no quieren perder el statu quo. Pero el Estado ya no puede seguir evadiendo el cambio. Sólo tendremos un ferrocarril digno de nuestro Pueblo cuando el Estado deje de excusarse con tener “las manos atadas”.

Inspectores e instructores

Un problema del actual sistema aparece en los instructores; no son funcionarios públicos del Estado sino miembros del mismo sindicato quienes están a cargo de controlar e instruir a los futuros conductores.

Es necesario modificar esa figura dándole valor de funcionario público, dependiente de la CNRT o del Ministerio del Interior y Transporte; dándole el poder de verificación y certificación sobre toda la red ferroviaria, tanto la infraestructura como el material rodante.

Estos funcionarios pueden ir acompañados de inspectores del incipiente Laboratorio de Transporte Ferroviario (dependiente el Instituto Nacional de Tecnología Industrial) que tengan formación técnica o de grado en las distintas áreas en las que se dividen las operaciones ferroviarias: mecánica, obras civiles, seguridad e higiene, etc.

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