Desvío o trampa


Scioli y Macri

Queda claro que ninguno de los candidatos me satisface personalmente. Uno es el gestor de la decadencia del programa ferroviario bonaerense, y de la arremetida de la centroderecha peronista, movimiento egoísta por cuya causa nos vimos privados de poder elegir a un candidato que representaba cabalmente el futuro de la red ferroviaria. El otro es el promotor del noventismo y del procesismo, que entre otras barbaridades cercenó nuestra red ferroviaria en el pasado y amenaza con devolvernos a esas políticas camuflándose con un discurso pro-ferroviario. Pero ese discurso no lava sus culpas ante la pauperización de Subterráneos de Buenos Aires.

Luego de un breve romance con el FIT, quienes mostraron sus verdaderas intenciones a los pocos días de recibir mi apoyo, debo decir que en este momento ningún candidato habla sobre la red ferroviaria, o al menos no lo hacen con seriedad. Florencio Randazzo, condenado injustamente al ostracismo por una sola torpeza discursiva que segó más de tres años de trabajo denodado y más de dos décadas de lealtad al verdadero peronismo, apenas puede esgrimir la palabra, y afortunadamente lo hace con actos de gestión.

Daniel Scioli, quien en sus ocho años al frente de la provincia de Buenos Aires no ha sabido manejar el desastre ferroviario de la UEPFP, y que además promete recuperar ramales ferroviarios irrecuperables, no tiene lógicamente la ventaja o la posibilidad de ofrecer planes en esta temática; de hacerlo, los medios concentrados inmediatamente pondrían la lupa en su gestión.

Mauricio Macri, gestor junto a Juan Pablo Piccardo del peor desastre que conoció Subterráneos de Buenos Aires en su historia, promete recuperar el “Belgrano Cargas” (ni siquiera sabe que cambió de nombre estos últimos años) pero no explica cómo, para qué ni qué ramales recuperará. Afirma que llevará al norte argentino los ferrocarriles Mitre, San Martín y Urquiza, cuando no existe ninguna necesidad de hacerlo y cuando ya el propio Ferrocarril Belgrano es el más apropiado para ello debido a cuestiones técnicas como gálibo, trocha y capacidad de su material tractivo (cuenta con locomotoras General Motors GT22CU, preparadas para el aire enrarecido de la montaña y con turbocompresores para facilitar su operación en zonas de túneles).

El resto del arco político, sumido en el ombliguismo, no ofrece mayores propuestas. Ni siquiera Sergio Massa, que en estos momentos tiene todo para ganar prestigio de sumarse explícitamente al peronismo. Quitando la muy desacertada idea de hacer un club de campo exclusivo en terrenos de ASTARSA, el referente del Frente Renovador no tiene máculas en su pasado al menos en lo que respecta a la política ferroviaria. Con un poco de astucia, tal vez sea éste el nicho que le permita crecer de cara a 2019.

Son dos candidatos y dos propuestas que ya se han probado en nuestro país en el pasado. Una es la del desarrollismo, propuesto por Daniel Scioli. La última experiencia de este tipo terminó con la presión norteamericana para instalar en el gobierno al general Larkin, quien fue el mentor del comienzo de la destrucción de nuestros ferrocarriles. Scioli claramente no es Frondizi, pero tampoco es Néstor Kirchner ni CFK, y mucho menos, Perón. La otra propuesta, la de Mauricio Macri, encarna el neoliberalismo más salvaje. Y es con él con quien hay que tener el mayor de los cuidados, porque detrás de la máscara del Plan Belgrano se esconde la verdadera piel del lobo: la de entregar el ferrocarril de cargas a los sindicatos actualmente opositores, como una gigantesca maniobra del hombre de paja, para justificar luego, y luego del desfalco inevitable a manos de Sobreros y Maturanos, el ajuste y las clausuras.

Este 22 de noviembre nos toca elegir entre gris y negro. Depende de nosotros qué tono de gris tendremos los próximos cuatro años. Sólo necesitamos alejarnos todo lo posible del negro.

Tenemos, por delante de la locomotora que transporta nuestro país, dos posibilidades: un desvío a la derecha, o una trampa abierta. Posiblemente, vía arriba, la vía desviada nos ofrezca la posibilidad de volver a ingresar a vía principal. De lo que podemos estar seguros es que, de elegir la trampa, nuestra locomotora, y con ella el país, descarrilarán. Y esta vez no hay grúa a órdenes en ninguna estación.

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